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NOTAS DE PRENSA Y ENTREVISTAS

Ámbito Financiero / Miércoles 24 de mayo de 2017

“Por Brasil se puede frenar el proceso de desinflación”

Por Jorge G. Herrera



1| ¿Cómo afecta la "nueva" crisis brasileña a la Argentina?

Brasil tiene una "nueva" crisis institucional. Pero arrastra una "vieja" recesión. Ambas se realimentan pero la recesión viene de antes. ¿Cuál es su origen?: para tener una inflación baja de Primer Mundo, Brasil tiene una tasa de interés altísima de Tercer Mundo que duerme la actividad económica (cualquier parecido con Argentina 2017 no es pura casualidad). La incertidumbre de no saber quién será el presidente dentro de seis meses y cuál el programa económico, estirará la recesión. Para Argentina esto no es bueno. Hay que revolver mucho la historia para encontrar momentos en que crecemos con ganas cuando Brasil cae. Cuesta mucho más exportarle a un Brasil recesivo y siempre está el riesgo de que "nos llenen la canasta de productos brasileños". La triple combinación Brasil en recesión, Argentina insinuando rebotar y una paridad cambiaria peso / real en contra, no nos ayuda a recuperar actividad. Otro posible canal de impacto es el cambiario: si el real se debilitara desordenadamente, arrastraría al peso. Del lado de vecino, cuando sube el tipo de cambio los precios se mueven poco y nada. Acá, tipo de cambio e inflación van de la mano (basta recordar las aceleraciones inflacionarias de 2014 y 2016). Por eso, un movimiento desordenado del tipo de cambio dificultaría la desinflación que está en marcha. Además del canal de actividad y el cambiario, está el financiero. A la Argentina no le conviene que el mundo ni la región hagan olas porque está financiando los pagos de deuda y el déficit fiscal en los mercados de capitales. Por el momento, ninguna de las olas (Brasil, Trump, "brexit", etc.) generó un tsunami. Pero el "no pasa nada, nos siguen prestando" no necesariamente es un evento extrapolable en un mundo picado.

2| ¿El BCRA dejará de intervenir tras la suba del tipo de cambio?

Cualquier banco central del mundo busca evitar movimientos bruscos del tipo de cambio. El de Argentina, por muchos meses no intervino en el mercado cambiario (ni comprando ni vendiendo dólares). El tipo de cambio se mantuvo estable en torno a $15: la oferta (con la exportación flaca) apalancada con dólares de las provincias, el blanqueo y algo de ingresos privados y la demanda (con la importación flaca) sostenida por el atesoramiento y los viajes al exterior. En mayo, el BCRA salió a comprar dólares para sostener el tipo de cambio pero con la incertidumbre de Brasil se retiró inmediatamente porque el tipo de cambio subió "solo". Más que un objetivo de acumular reservas, el BCRA mira de reojo al tipo de cambio. Hasta acá, la mirada es sobre el tipo de cambio nominal. Entrando en el terreno del tipo de cambio real (se mida como se mida), un dólar de $16 y pico sigue incentivando más atesorar, viajar al exterior e importar que exportar e invertir.

3| ¿Cómo evalúa la estrategia del BCRA?

Con el déficit fiscal "clavado" en 5 o 6 puntos del PBI, el BCRA hace lo que puede, no lo que quiere. Pretende emitir sólo $ 150.000 millones por año para financiar al Tesoro y termina emitiendo el doble o más (porque además le compra un montón de dólares al Tesoro contra pesos). A la política monetaria no le queda otra que hacer camino al andar. Se auto corrige sobre la marcha absorbiendo los pesos que emite con Lebac. Teniendo en cuenta que a fin de año el stock de Lebac superará con creces el billón de pesos y que cada mes vencen montos temerarios, queda claro que ha tenido que corregir bastante. Y aun así emite moneda a un ritmo superior al que quisiera. En este contexto, auto - imponerse metas de inflación y cumplirlas requiere absorber un montón de moneda, lo que le pone un piso alto a la tasa de interés. Hoy se da la paradoja de que hay mucha plata en la calle para cumplir la meta de inflación del BCRA pero poca para cumplir la meta de reactivación del Gobierno. A esta altura, más importante que medir con el "telebeam" el cumplimiento del 17% de inflación de este año es testear la meta del 2018 y el nivel de actividad que podría perderse en el camino. Todo este entuerto se origina en la dificultad de financiar un déficit fiscal tan grande.

4| Según el Ministerio de Hacienda, hay un bosque de brotes verdes ¿Cual es su visión?

Desde el minuto cero, sostuvimos que este año iba a ser muy difícil (casi imposible) que la economía se reactive más de 3% y simultáneamente la inflación baje a 12 / 17%. La realidad iba a determinar la necesidad de sacrificar un objetivo en pos de alcanzar el otro. A esta altura del año, "pegarle en el palo" a la meta de inflación será sacrificando actividad. Y viceversa, "pegarle en el palo" a la suba del PBI será sacrificando la meta de inflación. Sigue siendo posible una combinación de reactivación modesta con inflación molesta, ninguna de las dos cumpliendo la meta original. Con el paso de los meses, se hará más visible que la mayoría de las actividades dejará de caer, quedará más en evidencia el rebote de algunos sectores y otros empezarán a "sacar la cabeza del pozo". Pero aun cuando en los próximos trimestres se confirmara una recuperación de la actividad, habrá sectores a los que la onda expansiva todavía no llegará. En Argentina, las reactivaciones que llegan a todos los sectores son con el PBI subiendo interanualmente más de 4%. Dentro de esta tónica, pensar en la actividad de 2018 "es largo plazo".

5| ¿Hay margen para no hacer ningún ajuste fiscal después de las elecciones?

El presidente Macri puso hace poco en el centro de la escena la cuestión del tamaño del déficit fiscal y la complejidad de financiarlo permanentemente con deuda. Es que 2016/17 fue de tránsito: el déficit total (primario más intereses) quedará en el mejor de los casos en torno a 6% del PBI -el peor déficit del Gobierno anterior fue 5,3% en 2015-. Pensando en 2018/19, está el desafío de bajar "en serio" el déficit primario para compensar la inevitable suba de los intereses. Hacia delante, el BCRA querrá financiar menos y los prestamistas querrán ver avances fiscales más concretos. Como mínimo, habrá que cumplir la meta oficial de bajar el rojo primario de 4,2% a 3,2% que de por sí no será nada fácil. Para ello (ya sin el comodín del blanqueo), habrá que encontrarle la vuelta a la mochila del mayor gasto previsional (el "uno - dos" de la fórmula de la Movilidad más la Reparación Histórica), acelerar el ahorro de subsidios, seleccionar la obra pública, desacelerar la cesión de recursos a las provincias y demorar eventuales rebajas de impuestos (o impulsar una reforma tributaria ¿que no baje la presión tributaria?).

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