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NOTAS DE PRENSA Y ENTREVISTAS

IProfesional/ DINERO/Dinero / Jueves 03 de febrero de 2022

Variables reales versus financieras: la receta del Gobierno choca contra el paredón de la inflación

Por por Rodolfo Santangelo



https://www.iprofesional.com/dinero/356755-la-receta-miope-del-gobierno-choca-con-el-paredon-de-la-inflacion

En la economía argentina, a finales de 2021-principios de 2022 se ha formado una extraña pareja, de esas que pintan más para convivencia de verano que para relación estable y permanente. Pero que por ahora cohabitan juntas.

Por un lado, las variables productivas reales con buenos indicadores y por el contrario, las variables financieras nominales con pésimos datos. Veamos primero los datos.


Del lado real productivo el principal indicador macro -el PBI- termina muy bien. Era una obviedad que iba a rebotar dado el bajísimo punto de partida 2020 por el parate de la cuarentena, pero no solo lo hizo más rápido y en el año recupera todo lo caído (2021 = 2019) sino que el nivel desestacionalizado de los últimos meses es alto.

La producción industrial que venía de más abajo desde hace más tiempo obviamente recupera más, el nivel de 2021 vuelve a donde estaba en 2018. Por supuesto que conviven altísimas heterogeneidades donde las 12 millones de toneladas de cemento vendidas por año son casi récord histórico pero los 400 mil autos producidos son aun en perspectiva un dato mediocre. Pero, así como la caída de 2020 fue mayor a la esperada, la recuperación también lo fue. El empleo que había perdido 4 millones de puestos de trabajo, casi todos informales, los recuperó plenamente.

"La brecha subió por el innecesario e inútil atraso del tipo de cambio que se hizo el año pasado al devaluar apenas uno por ciento por mes"
Completa esta performance lo más sorprendente: el salto exportador (+ u$s78 MM). Sabíamos que este iba a ser un buen año a partir de la suba de precios internacionales agrícolas. Pero ayudó también que el productor acompañó vendiendo parte de lo que tenía stockeado en el silo bolsa y que las exportaciones industriales respondieron muy bien, salvo lo que el gobierno se encargó de controlar. En síntesis; PBI, producción industrial, empleo y exportaciones reflejan el muy buen estado relativo de la economía real, siempre en el marco de una economía que sigue estancada en los mismos niveles o inferiores a una década atrás.


Una brecha cambiaria que en más de 100% ya luce insoportable
Por el contrario, el estado de las variables nominales/financieras es calamitoso. Primero y principal una tasa de inflación que lejos de bajar al 29% del Presupuesto oficial volvió al 50% anual. El pronóstico más fácil de acertar: esta inflación es recontra unicausal, producto del desbalance macro que vive Argentina y que necesita esta inflación para no acumular desequilibrios insostenibles.

En segundo lugar, una brecha cambiaria que en más de 100% ya luce insoportable. En menor medida, la brecha subió por el innecesario e inútil atraso del tipo de cambio que se hizo el año pasado al devaluar apenas uno por ciento por mes, lo que neteando la inflación de EE.UU. generó una caída del tipo de cambio real del 15%. Estaríamos mejor con el dólar oficial a 120 que como está hoy, pero no es un atraso grosero ni insoportable. El problema es el dólar rondando los 220, consecuencia también del desorden macro.

Sumémosle el riesgo país coqueteando con 2.000 puntos, la variable que el equipo económico subestima porque lo único que pretendió del arreglo de la deuda es no tener que hacer pagos relevantes a los bonistas en dólares. Todo esto genera que los activos argentinos estén en valores mínimos y un empobrecimiento de todos aquellos que podrían estar tomando decisiones de inversión.

La historia dice que esta cohabitación es inestable, que esta pareja se rompe a menos que haya un cambio de la política económica hacia más consistencia y permanencia en el tiempo. En ausencia de una decisión política mayúscula (a la Alfonsín 85/Menem 91) el acuerdo con el FMI era, sigue siendo el mínimo mecanismo para lograr que esta paradoja se resuelva de manera más o menos ordenada. Una política fiscal, monetaria y cambiaria más equilibrada debería poder bajar (un poquito) la inflación, la brecha y el riesgo país a cambio de empeorar (¿un poquito?) el PBI, la producción industrial, el empleo y las importaciones.

"Los activos argentinos estén en valores mínimos y un empobrecimiento de todos aquellos que podrían estar tomando decisiones de inversión"
El problema político es que el gobierno a esto lo llama ajuste y teme perder las variables que hoy le dan un mínimo de esperanza. Sueña, fantasea, con poder mantener calientes todas las variables reales acudiendo a la misma receta de siempre: más gasto público, más emisión, más atraso del tipo de cambio y más tasas de interés negativas para alentar el crédito. El problema es que esta estrategia miopemente dio resultado cuando el punto de partida fueron los bajísimos niveles del 2020 de la cuarentena. Ahora chocan contra el paredón de la inflación, la pérdida de reservas, la caída de la demanda de pesos y la desconfianza en general cuando las variables han recuperado valores más normales.


El Gobierno teme perder las variables que hoy le dan un mínimo de esperanza
O sea, Argentina se ha recuperado rápido de los costos económicos de la pandemia pero todavía tiene un largo trecho para recuperar los costos económicos de los desajustes macroeconómicos que arrastramos desde, por lo menos, 2011. Ya son tres gestiones políticas y económicas que encararon su segunda mitad de mandato casi con un objetivo modesto de durar y llegar. Sin cambio de régimen macro, 2022/23 serán dos largos años de travesía en el desierto donde esta extraña pareja de variables reales y financieras mal tendrá problemas crecientes de convivencia. Los desbalances macro se cobran su venganza cuando no se los atiende apropiadamente.



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